Redirecciones 301: qué son y cuándo hay que usarlas
Qué es una redirección 301, en qué se diferencia de la 302 y cuándo usarla para cambiar URLs sin perder posiciones en Google. Explicado sin tecnicismos.

Una redirección 301 es la forma de decirle a Google y a los navegadores: «esta página ya no está aquí, se ha mudado a esta otra, y es para siempre». Suena a cosa de informáticos, pero es una de las pocas piezas técnicas que un dueño de negocio debería entender, porque el día que se rehace la web o se cambia una dirección, hacerlas bien o no hacerlas es la diferencia entre conservar el tráfico o empezar de cero.
Y ese día llega siempre: rediseñas la web, cambias de dominio, unificas dos páginas que decían lo mismo o borras un servicio que ya no ofreces. Vamos a verlo en cristiano.
Qué pasa cuando no la pones
Imagina que tu página tunegocio.com/reformas-cocina lleva dos años en la primera página de Google. Rehaces la web y esa dirección pasa a ser tunegocio.com/servicios/reformas-de-cocina. Si no haces nada:
- Quien entre desde Google verá un error 404 («página no encontrada»). Ese visitante se va, y ya no vuelve.
- Google tardará semanas en darse cuenta, y mientras tanto sigue enviando gente a una página rota.
- La autoridad acumulada por la página antigua se pierde. Todos los enlaces que apuntaban a ella dejan de sumar. Es el daño de verdad, y es el que no se ve en el momento.
Con una 301 no pasa nada de eso: el visitante aterriza directamente en la dirección nueva sin enterarse, y Google traslada a la nueva URL casi toda la fuerza que tenía la antigua.
301 y 302: la diferencia que cuesta dinero
Son dos números parecidos con consecuencias opuestas:
| Tipo | Significa | Cuándo usarla |
|---|---|---|
| 301 — permanente | «Se ha mudado para siempre» | Cambios definitivos: rediseño, nuevo dominio, fusión de páginas |
| 302 — temporal | «Está fuera un rato, pero volverá» | Una promoción de dos semanas, una página en mantenimiento, un test A/B |
El error habitual es poner 302 en un cambio definitivo, porque muchos gestores de contenido las ponen por defecto. Resultado: Google se queda esperando a que vuelva la página antigua, mantiene la vieja en el índice y la nueva no acaba de arrancar. Meses perdidos por un número.
Los cinco momentos en los que hace falta
1. Rediseño de la web. Es el caso más frecuente y el que más destrozos causa. Antes de tocar nada hay que listar todas las direcciones actuales y decidir a dónde va cada una. Lo explico paso a paso en cómo migrar una web sin perder SEO.
2. Cambio de dominio. Cambias de nombre comercial o pasas de .es a .com. Aquí se redirige dominio entero a dominio entero, URL a URL.
3. Unificar contenido duplicado. Tienes dos páginas hablando de lo mismo que se quitan visitas entre ellas. Se queda la mejor y la otra se redirige a ella: sumas fuerza en vez de repartirla. Es el remedio clásico de la canibalización de palabras clave.
4. Retirar un servicio o un producto. No lo mandes a la home: redirige a la página más parecida que sí exista. Si vendías cursos de Excel y ahora no, lleva esa URL al listado de formación, no a la portada.
5. Unificar www y https. tunegocio.com, www.tunegocio.com, http://… y https://… son cuatro direcciones distintas para Google. Solo una debe ser la buena; las otras tres, redirigidas a ella.
Cómo se hacen (según tu web)
- WordPress: con un plugin de redirecciones. Es cuestión de minutos y no hace falta tocar código.
- Hosting propio o web a medida: en el archivo de configuración del servidor (
.htaccessen Apache, la configuración de Nginx) o en el propio proyecto, como hacemos nosotros en Next.js. - Shopify, Wix, Squarespace: todos traen su panel de redirecciones incorporado.
- Cambio de dominio completo: además de las redirecciones, hay que avisar en Search Console con la herramienta de cambio de dirección.
Las cinco reglas que evitan los desastres
- Una a una, no todas a la home. Mandar 200 URLs a la portada es el error más repetido. Google lo interpreta como un 404 encubierto («soft 404») y no traslada nada. Cada página al equivalente más cercano.
- Nada de cadenas. Que A vaya a B, B a C y C a D diluye la señal y ralentiza la carga. Si cambias dos veces, actualiza la primera redirección para que apunte directa al destino final.
- Actualiza también tus enlaces internos. La 301 es la red de seguridad para lo que viene de fuera; dentro de tu web los enlaces deben apuntar ya a la dirección nueva. Es parte de tener los enlaces internos bien montados.
- Manténlas al menos un año. Google necesita meses para consolidar el cambio y hay enlaces antiguos que tardan en actualizarse. No las quites a las tres semanas porque «ya está».
- Revisa después. En Search Console, la sección de páginas te enseña los 404 que van apareciendo. Es la lista de la compra de las redirecciones que faltan. Si ves direcciones nuevas que no acaban de entrar en el índice, mira también por qué Google no indexa algunas páginas.
Cuánto tarda en notarse
De una a cuatro semanas para que Google procese el cambio, y hasta tres meses para que las posiciones se estabilicen del todo. Es normal ver un bajón leve las primeras semanas: si a los dos meses no ha recuperado, revisa que las redirecciones sean 301 de verdad, que no haya cadenas y que el contenido nuevo sea equivalente al que se sustituyó — una 301 traslada autoridad, pero no arregla una página que ahora dice la mitad.
En resumen
La 301 es permanente y es la que quieres el 95 % de las veces. Redirige cada URL antigua a su equivalente real, evita las cadenas, actualiza los enlaces internos, deja las redirecciones puestas al menos un año y revisa los 404 en Search Console. Es media hora de trabajo que te ahorra meses de posiciones.
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