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¿Poner los precios en la web? Ventajas e inconvenientes

Poner los precios en la web filtra clientes y ahorra reuniones, pero no siempre conviene. Cuándo sí, cuándo no y cómo hacerlo sin atarte de pies y manos.

¿Poner los precios en la web? Ventajas e inconvenientes

Poner los precios en la web es, en la mayoría de negocios pequeños, una buena idea. No porque sea "más transparente" —que también—, sino por una razón práctica: te ahorra reuniones con gente que nunca te iba a contratar. Pero no es una regla universal, y hay casos donde enseñar el número te hace perder trabajos que sí eran para ti. Vamos con las dos caras.

Lo que pasa de verdad cuando no pones precios

La web sin precios genera una escena muy concreta: alguien entra, le encaja lo que ofreces, busca cuánto cuesta, no lo encuentra y se va a otra pestaña. No te escribe. Es la parte que no se ve en las analíticas, porque no hay ningún evento que registre "se fue a mirar el precio de la competencia".

De los que sí escriben, una parte importante lo hace solo para preguntar el precio. Ahí empieza el ciclo: respondes, pides datos, montas presupuesto, lo mandas, esperas. Y en un buen puñado de casos la respuesta es "uf, se nos va de presupuesto". Ese tiempo lo has pagado tú.

Así que la pregunta no es "¿doy información a la competencia?". La competencia ya sabe lo que cuestas: le basta con pedirte un presupuesto. La pregunta real es cuántas horas al mes quieres dedicar a filtrar a mano lo que puede filtrar una página.

Las ventajas de enseñar el número

  • Filtras antes de hablar. Llegan más preparados, y la conversación empieza en "cómo lo hacemos", no en "cuánto".
  • Ganas confianza. Un precio visible se lee como seguridad. Esconderlo se lee, a menudo, como "depende de lo que le pueda sacar a cada uno".
  • Posicionas tu servicio. El precio dice a quién te diriges. Si trabajas para negocios que valoran el trabajo bien hecho, verlo es un argumento, no un obstáculo.
  • Te ayuda en Google. Hay muchísimas búsquedas del tipo "cuánto cuesta X". Si tu web responde, entras en ellas. De hecho, buena parte del tráfico de este blog viene de ahí.
  • Reduces el regateo. Un precio publicado es más difícil de discutir que uno improvisado en un email.

Cuándo NO conviene

No todo son ventajas. Hay tres situaciones donde publicar el precio te perjudica:

  1. Cada trabajo es un mundo. Si haces reformas, desarrollo a medida o proyectos donde el mismo encargo puede costar 3.000 € o 30.000 €, un número suelto no informa: confunde y espanta.
  2. Vendes a empresas grandes con compras por comité. Ahí el precio se negocia por volumen y por condiciones; publicarlo te deja sin margen antes de sentarte.
  3. Tu precio es alto y aún no has explicado por qué. Si el visitante ve la cifra antes de entender el valor, la lee como cara. Esto no se arregla escondiendo el precio: se arregla ordenando la página para que el número llegue después del argumento.

El punto medio que funciona casi siempre

No hay que elegir entre "tarifa completa" y "consúltanos". Estas cuatro fórmulas resuelven la mayoría de casos:

Fórmula Cuándo usarla Ejemplo
Desde X € Servicios con suelo claro y techo variable "Webs completas desde 1.690 €"
Horquilla Cuando el rango es honesto y explicable "Entre 400 y 900 € al mes según el número de redes"
Packs cerrados Servicios repetibles Tres planes con lo que entra y lo que no
Precio de una pieza Trabajos por unidad "Reel editado: 90 €"

La clave está en la letra pequeña bien escrita: explica qué hace que suba. "Desde 1.690 €" sin contexto es una cifra al aire; "desde 1.690 €, y sube si hay tienda online, varios idiomas o textos que redactamos nosotros" es información útil. El visitante se autoevalúa solo y llega sabiendo en qué escalón está.

Errores que veo repetirse

  • Poner el precio y esconder qué incluye. El número solo genera más preguntas, no menos.
  • Tres planes en los que el del medio no es claramente el mejor. Si no hay una opción obvia, la gente no elige: se va.
  • Actualizarlos una vez y olvidarlos dos años. Un precio desfasado en la web es peor que ninguno, porque te obliga a desdecirte en la primera conversación.
  • Meter el precio y no poner al lado una forma fácil de preguntar. Si el número genera dudas, tiene que haber un botón a mano. Aquí es donde un formulario de contacto que convierte marca la diferencia.
  • Copiar los precios del vecino. Los tuyos salen de tus costes y de tu tiempo, no de lo que cobra el de al lado.

Cómo saber si te está funcionando

Esto se mide, no se opina. Dos indicadores bastan:

  1. Calidad de los contactos. Si publicas precios y bajan las peticiones pero suben las que acaban en trabajo, ha funcionado. Menos ruido, mismo negocio.
  2. Tiempo hasta el sí. Si los presupuestos se cierran antes porque el cliente ya venía con la cifra en la cabeza, la página está haciendo su trabajo.

Si a los dos meses las peticiones caen y las ventas también, el problema no suele ser el precio: es que la página no argumenta lo suficiente antes de enseñarlo. Prueba a mover el bloque de precios más abajo, después de los casos y los testimonios.

En resumen

Para un negocio local o una pyme que vende servicios repetibles, publica al menos un "desde". Es el mínimo que evita que la gente se vaya a buscar el número a otro sitio. Si tu trabajo es muy a medida, publica el rango y explica qué lo mueve. Y si decides no poner nada, que sea una decisión pensada, no un despiste: entonces la web tiene que dar todavía más argumentos y ponérselo facilísimo al que quiera preguntar.

Nosotros lo aplicamos en nuestra propia casa: verás precios de partida en los servicios, y el resto lo hablamos. Si quieres revisar cómo está montada tu página de precios —o montarla— échale un ojo a nuestro diseño y desarrollo web en Zaragoza, mira antes cuánto cuesta una página web para situarte, y escríbenos si quieres que lo miremos con tu caso delante. Más artículos en la categoría de Web.

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